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ATENCIÓN
CAMBIOS EN LOS BENEFICIOS DE
SOCIO ESPECTACULAR.
A PARTIR DE LA FECHA EL SOCIO tendrá acceso a
21 SALAS DE CINE DE ESTRENO
CÍA. CENTRAL CINEMATOGRÁFICA
CINE CASABLANCA en sus tres salas
21 de Setiembre 2838, Tel.: 712 3795
CINES HOYTS
PUNTA CARRETAS 1 y 2
Shopping Punta Carretas – Ellauri 350 Tel.: 711-7657/711-1320.
ALFABETA 1, 2, 3,4 y 5
Miguel Barreiro 3231 Tel.: 707-9647-48
GRUPOCINE
GRUPOCINE EJIDO en sus tres salas Ejido 1377 Tel.: 901 4242
GRUPOCINE ARCOCENA en sus tres salas Av. Arocena 1660 Tel.: 901
4242
GRUPOCINE PTA. CARRETAS en sus tres salas. Shopping Punta
Carretas. José Ellauri 350 nivel 3 Tel.: 901 4242
GRUPOCINE TORRE DE LOS PROFESIONALES en sus dos salas. Colonia
1297 Tel.: 901 4242
SE MODIFICAN LOS BENEFICIOS DE LA SIGUIENTE MANERA:
- SE EXCLUYE EL ACCESO A LA CINEMATECA URUGUAYA
* TARJETA TIPO 1 y TARJETA DOCENTE
El socio dispondrá de 1 ENTRADA LIBRE A ELEGIR ENTRE LOS
CINES: Cía Central Cinemtográfica (Casablanca, en sus tres salas),
Cines Hoyts (Alfabeta, en sus cinco salas y Pta. Carretas en sus dos
salas) y Grupo Cine (Arocena, en sus cuatro salas, Ejido, en sus dos
salas, Pta. Carretas, en sus tres salas y Torre de los Profesionales en
sus dos salas.) Una vez utilizada esta entrada el socio contará con el
beneficio del sistema 2x1 en los Cines Hoyts y a la bonificación de su
entrada y la de su acompañante en la Cía. Cinematográfica .
*TARJETA TIPO 2
El socio dispondrá de 2 ENTRADAS LIBRE A ELEGIR ENTRE LOS
CINES: Cía. Central Cinematográfica (Casablanca, sus tres salas),
Cines Hoyts (Alfabeta en sus cinco salas y Pta. Carretas en sus dos
salas) y Grupo Cine (Arocena, en sus cuatro salas, Ejido, en sus dos
salas, Pta. Carretas, en sus tres salas y Torre de los Profesionales en
sus dos salas.) Una vez utilizada esta entrada el socio contará con el
beneficio del sistema 2x1 en los Cines Hoyts y a la bonificación de su
entrada y la de su acompañante en la Cía. Central Cinematográfica .
*TARJETA TIPO 3
El socio dispondrá de 3 ENTRADAS LIBRE A ELEGIR ENTRE LOS
CINES: Cía. Central Cinematográfica (Casablanca, sus tres salas),
Cines Hoyts (Alfabeta en sus cinco salas y Pta. Carretas en sus dos
salas) y Grupo Cine (Arocena, en sus cuatro salas, Ejido, en sus dos
salas, Pta. Carretas, en sus tres salas y Torre de los Profesionales en
sus dos salas.) Una vez utilizada esta entrada el socio contará con el
beneficio del sistema 2x1 en los Cines Hoyts y a la bonificación de su
entrada y la de su acompañante, en la Compañía Central Cinematográfica.
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EL GALPÓN EN OBRA

La
ley 18238 votada el 19 de diciembre de 2007 transfiere a Teatro El
Galpón dos millones de dólares como reparación por los daños ocasionados
por la dictadura. Nos comprometimos a informar a la comunidad el destino
de esos fondos paso a paso.
El Galpón continúa las obras de remodelación de la Sala César
Campodónico a todo ritmo.
Se completó el recambio de cubierta del techo de la sala, restando la
elevación del techo del escenario y colocación de la nueva parrilla.
En setiembre se prevé su inauguración con el espectáculo «El jardín de
los cerezos» de Antón Chéjov, bajo la dirección de Dervy Vilas y un
elenco integrado por actores y actrices de El Galpón e invitados. La
escenografía estará a cargo de Osvaldo Reyno, Nelson Mancebo diseñará el
vestuario, la música es de Coriún Aharonián y la iluminación de Fernando
Tabaylain.
La Institución también se comprometió a reactivar nuevas fuentes de
trabajo. Se instrumentaron
proyectos que básicamente contemplan tres modalidades de vínculo entre
la Institución, los integrantes y los diferentes artistas del medio: 1)
convenio social, 2) convenio por gestión y 3) convenio artístico. Esta
implementación tiende a profesionalizar los tres aspectos esenciales del
funcionamiento: institucional, de gestión y artístico. El proyecto
contempla, y es aspiración de los galponeros, contratar y generar
fuentes de trabajo más allá del núcleo de sus integrantes y, en tal
sentido, la mayoría de las producciones artísticas tienen prevista la
participación de reconocidos artistas del medio teatral.
Otro punto mencionado en la ley es el referido al cumplimiento de las
obligaciones bancarias para sanear el pasivo, lo cual se está haciendo
estrictamente.
La suma de todos estos elementos estará en la rendición de cuentas que
El Galpón realizará al Ministerio de Economía y Finanzas en los próximos
días.

Los martes en Sala Cero
El Galpón presenta:
CICLO DE TEATRO LEÍDO SEMI-MONTADO
Una puesta a punto con la dramaturgia actual de las dos orillas
Teatro El Galpón lanza una nueva propuesta artística con el objetivo de
dar a conocer al público y a los teatreros la dramaturgia contemporánea
e investigar su alcance y posibilidades escénicas. El ciclo se realizará
los martes en la Sala Cero, con entrada libre.
Martes 13 de mayo 20:00 horas
LA MADONNITA
De Mauricio Kartún
Con dirección de Graciela Escuder y elenco de Teatro El Galpón
La riqueza poética de su lenguaje, la originalidad de su imaginario y la
hondura de su planteo han hecho de La Madonnita una de las piezas
teatrales argentinas más celebradas de los últimos años. Buenos Aires a
principios de siglo. En los retretes de las fondas, de los dancing, de
los cafetines, un hombre sombrío vende con gesto cómplice las fotos
voluptuosas de La Madonnita y de su oscuro partener sexual. Una ciudad
de hombres solos, desesperados, que han hecho de esa mujer inmóvil su
virtual compañera de cama.
Martes 20 de mayo 20:00 horas
EN AUTO
De Daniel Veronese
Con dirección de Gustavo Alonso y elenco de Teatro El Galpón.
La acción transcurre en un set de filmación durante una convocatoria
para dobles de actores, en la que se produce un encuentro: la madre, la
hija, Len y el asistente. Todos se verán envueltos por la magnitud del
cine. Una atmósfera intensa, onírica, que resulta de una transfiguración
de la realidad que une el pasado, el presente y el futuro, y los
trasciende.
Martes 27 de mayo 20:00 horas
MI PEQUEÑO MUNDO PORNO
De Gabriel Calderón
Con dirección de Gerardo Begérez y elenco de Teatro El Galpón
Saber, pensar y soñar la soledad. Hacer lo que nunca haríamos o lo que
nunca diremos que hacemos. ¿Quién no ha sentido esa necesidad alguna
vez? La de huir de uno mismo. En esa búsqueda de libertad es que aparece
lo más desesperado de nosotros. Volvemos a lo más primitivo para
liberarnos. Y finalmente sentimos que tampoco así logramos escapar. No
todo se puede esconder debajo de la alfombra de la hipocresía.
Martes 3 de junio 20:00 horas
SÁNCHEZ
De Luis Masci
Con dirección de María Azambuya y elenco de Teatro El Galpón
Los últimos días de Florencio Sánchez, toda su vida. «Camino con una
mariposa negra en el hombro y no quiero escuchar el tic-tac del reloj,
ni ver apagarse las luces de la ciudad, ni agonizar la esperanza en los
ojos de los conventillos. Y no tengo tiempo ni de llorar, ni de aullar,
ni de maldecir, ¿a quién? Yo, Florencio Sánchez, oriental, casado, de 26
años, sólo contengo la tos. Callo. Escribo. Sé que ya no dejaré de
caminar aunque con cada paso entre más en mi propia muerte».
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de la nota
Grupo Teatral Teloncillo:
de Valladolid a El Galpón

Gracias al trabajo en equipo de la Embajada de España, Teatro El Galpón,
Teloncillo y CAIF, «Muuu!» pudo ser disfrutado por centenas de niños,
mamás y papás, y personal docente relacionados con los centros CAIF, en
funciones realizadas en los propios centros, así como en hogares de INAU
y AUPI.
Durante dos semanas de abril tuvimos al grupo español Teloncillo en
Montevideo, presentando su espectáculo «Muuu! Las cosas de Celia»,
especialmente pensado para bebés y niños de seis meses a tres años de
edad.
El nacimiento de Teloncillo como compañía de teatro data de 1975. Por
aquel entonces Teloncillo diversifica su trabajo con montajes para
adultos y otros para niños, pero desde 1996, sólo presenta espectáculos
para niños y público familiar en su repertorio. Los espectáculos en gira
en estos momentos son:
* Kaspar, de Claudio Hochman
* Muuu! Las cosas de Celia, de Teloncillo
* Quiero dormir, de Teloncillo
* Cuéntame un cuento, de Moretti y Teloncillo
* Por el Mar de las Antillas, de Eduardo Zamanillo.
«Muuu! Las cosas de Celia» es un espectáculo para niños de 6 meses a 3
años, con una
duración de 30 minutos y pensado para un público de cuarenta niños.
Ha sido ideado y es interpretado por Ana Isabel Gallego y Ángel Sánchez
Ruiz, quienes se basaron en poemas de Celia Viñas y canciones populares.
«Desde pequeños nos hemos sentido atraídos por esa sensación apacible
que produce una vaca pastando, por el sonido del cencerro, por sus
grandes dimensiones, por sus grandes manchas negras y blancas y por sus
ubres rosadas de donde mágicamente salía la leche. Pero lo que más nos
ha atraído de las vacas, son sus ojos, esos ojos siempre grandes,
redondos y atentos con los que miran al mundo, como los de los niños que
nos reciben en la escuela o que van al teatro y ante cuya mirada
expectante, de asombro, de admiración, de suspenso, de desconfianza o de
sorpresa, nunca podemos sentirnos indiferentes.
Queremos que Muuu! represente a esa vaca imaginada por nosotros desde
nuestra infancia y que sea nuestra pequeña aportación, a modo de leche,
sin aditamentos y sin mezclas, algo muy básico pero esencial para el
desarrollo del niño, como lo son el juego, la música, las canciones.
Con Muuu! vamos al aula, vamos a la biblioteca, vamos al escenario y a
todos
aquellos espacios donde los más pequeños puedan jugar y relacionarse sin
barreras. Sea donde sea, entramos sin mucho ruido y sin grandes
elementos, porque con Muuu! nos comunicamos a través de cosas sencillas
y a la vez cercanas a su mundo sensorial.
Muuu! es un espectáculo en blanco y negro pero lleno de colores, de
sensaciones, de ambientes que rodean y que atrapan la atención del niño,
desde el primer momento en el que instalamos nuestra maleta-vaca y
empezamos a sacar sonidos de todo tipo de instrumentos musicales, hasta
que las primeras notas de una guitarra desembocan en varias canciones,
introducidas todas ellas con sorpresas, con trucos de magia, con
malabarismos, con juguetes y con alguna marioneta que hacen de Muuu!
todo un espectáculo donde, sin palabras, se cuentan muuuuchas cosas.
Los niños siguen con mucha atención y con ojitos de Muuu! todo el
espectáculo. Al final los invitamos a sacar sonidos de los instrumentos,
llegando a crear una pequeña orquesta loca y divertida, sin orden ni
concierto. Porque ese es el fin último de nuestro espectáculo Muuu!: el
que desde la propuesta todos nos divirtamos y disfrutemos en un ambiente
tranquilo y relajado.» Teatro Teloncillo.
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Teatro
Circular y Teatro Victoria
juntos en «Los Comediantes»
«Pese a todos los reyes Felipes, seguimos cantando»
Se presentará en el Teatro Victoria la obra «Los Comediantes», basada en
textos del Siglo de Oro español, desde autores como Cervantes a Gil
Vicente, desde el humor de los actores populares «de la legua» que
representaban de pueblo en pueblo a la poesía de los Autos Sacramentales
que se mostraban en las iglesias, estructurados por Mercedes Rein y
Jorge Curi, quien además dirige el espectáculo. Hay dos elementos a
destacar en este estreno. Uno, la característica de ser una coproducción
entre dos grupos de teatro independientes, como Teatro Circular y Teatro
Victoria. Y por otro lado, el haber sido uno de los grandes sucesos del
teatro uruguayo en los duros años setenta (1978), que muchos
espectadores y también quienes nos formamos en esos años recordamos como
una experiencia teatral inolvidable, donde se aunaban el disfrute, la
poesía, el mensaje adecuado a las circunstancias, con el humor popular e
inteligente. Conversamos con algunos de los participantes: las actrices
Denisse Daragnés del Circular, Pelusa Vidal, del Victoria, y con el
director Jorge Curi.
Respecto a la unión de esfuerzos artísticos y económicos que significa
realizar una coproducción, Vidal nos manifestó: «Nos resulta encantador
trabajar y compartir con otros compañeros en nuestra casa; sentimos que
la casa se te agranda». Daragnés por su parte destaca que: «Debemos
hacerlo más a menudo, siempre dinamiza el trabajar con otros elencos y
para nosotros crear en otro espacio, es estimulante». Y respecto a los
ensayos, agregó: «Además, me motiva el trabajar con Curi, ya que nunca
lo había hecho; y, por otro lado, volver a las fuentes con este teatro
clásico donde hay que sentir la respiración que tiene el texto, y
elaborar el decir. También durante muchos años quise cantar en escena, y
ahora lo estoy haciendo; conocía algunas de las canciones por Rosita
Baffico, que en una muestra de la escuela del Circular nos las había
enseñado».
El espectáculo está vertebrado por las prohibiciones que sufrieron los
comediantes a lo largo del tiempo –este aspecto en la dictadura tenía
una vigencia estremecedora—, sobre lo interesante a resaltar y sobre la
vigencia actual. Pelusa Vidal, que también es directiva del sindicato de
actores, reflexionaba: «Además del tema de las prohibiciones, hoy los
artistas siguen en parecida situación a los ‘cómicos de la legua’ de
aquellos tiempos, como dice la canción en la obra: ‘Andar mucho y comer
poco, y sin comer no hay quien aguante’». Pero también, como recuerda
Daragnés, desde la obra el elenco quiere transmitir que: «Si bien se
sigue en la misma situación, pese a todos los Felipes, los reyes de las
prohibiciones, seguimos cantando».
El director Curi agrega: «Hace treinta años, cuando con Mercedes Rein
tomamos estos textos, queríamos mostrar las aventuras y desventuras de
nuestro oficio, con las persecuciones de las autoridades. Además de
todas las censuras de los reyes Felipes II y IV muestran las raíces y la
esencia de lo teatral que sigue conmoviendo, como decía Lorca, ‘a las
gentes de corazón sencillo’, con ese humor ingenuo y fresco». Continuaba
Curi señalando que en nuestra historia también vivimos las
prohibiciones, pero hoy lo que sentimos como negativo es cierta
indiferencia de los gobiernos que no impulsan el arte teatral, que sigue
haciéndose en precariedad de condiciones.
Sobre el espectáculo, Vidal, anteriormente como espectadora y ahora como
protagonista, piensa que la actualidad de la obra está en la delicia de
los textos y en que se busca producir y compartir el goce con el
espectador. «En los ensayos a veces nos sentamos en la platea a ver las
escenas de los compañeros y aunque ya las conozcamos, nos volvemos a
reír, nos divierte y también nos conmueve, nos emociona, como la escena
del pesebre, donde es una imagen bellísima la que se instala. Lo mismo
que nos pasa a nosotros seguramente se tiene que transmitir al público.
Y en eso Curi es un maestro que sabe llegarle».
Daragnés también señaló que los personajes populares que refleja la obra
tienen su vigencia como tipos sociales: es el caso de los bandidos que
siguen presentes o la belleza de algunas canciones del Barroco.
Al final entonces el tambor suena con el edicto de la prohibición total
de las representaciones teatrales y los comediantes entristecidos se
despojan de sus trajes, pero vuelven luego con sus bailes y canciones.
Recuerda Curi: «A pesar de los Felipes y de otros cuyo nombre no quiero
acordarme con sus prohibiciones, los artistas seguimos con alegría
haciendo más fácil la vida de nuestros contemporáneos».
Una vez más como dicen las coplas de los comediantes: «Unos cantan lo
que saben, otros saben lo que cantan».
Esperemos que, como manifestaban los artistas involucrados en este
hermoso espectáculo del Siglo de Oro español y aunque sin oro a la
vista, nacido también de los mejores tiempos de nuestro teatro, pueda
llevarse en gira por todo el país, para compartir las coplas alegres
bienpensantes y las coplas de la emoción, la risa y el disfrute del arte
en el diario vivir.
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TEATRO CIRCULAR DE MONTEVIDEO
Sala Uno
«El pintor de madonas
o
El nacimiento de un cuadro»
de Michel Marc Bouchard
Traducción Álvaro Correa
Québec.
Fin de la Primera Guerra mundial. Un joven sacerdote recién llegado a
una parroquia del Lago San Juan propone, con el fin de alejar la
epidemia de gripe española traída por los soldados que vuelven del
frente europeo, adornar las paredes de la iglesia con un fresco dedicado
a la Virgen María.
Para realizar este fresco, contrata a un bohemio pintor italiano que
está por esas tierras. La llegada de este artista, que tiene por
costumbre tomar como modelo «una joven del lugar», revoluciona la vida
cotidiana de los habitantes.
Bajo los inquietantes auspicios de un ángel anunciador con cuerpo
deforme, cuatro jóvenes mujeres que llevan en su nombre el de María
sentirán sentir sobre ellas los soplos turbadores del bien y el mal.
Elenco por orden de aparición: El Ángel Anunciador: Gustavo Bianchi. Los
Querubines: Emiliano Russo, Martín Castro. María Paula: Aline Rava.
María Ana: Virginia Marchetti. María Luisa: Mariana Baquet. El Párroco:
Juan Luis Granato. El Doctor: Xavier Lasarte. El Pintor: Javier Mas.
María de los Muertos: Leticia Cacciatori. Diseño de arte: Raúl Acosta.
Dirección: Álvaro Correa
ÚLTIMO MES DE FUNCIONES
Sábados 21:30 horas
SALA DOS
«AMORES»
de Domingos de Oliveira
Dir. Alfredo Goldstein
«AMORES» es una comedia. La vida aparece a través de cristales que tiñen
los acontecimientos
del simpático tinte del humor. Relaciones individuales, sociales,
afectivas, laborales, económicas se muestran con la contundencia de la
realidad pero inevitablemente conducen a la risa franca, manteniendo al
espectador en un estado de sonrisa permanente, aunque, para que el juego
de los contrastes funcione, la platea, por instantes, queda atrapada en
la sorpresa.
«AMORES», un lugar donde los afectos buscan un espacio para poder
existir más allá de las peleas, las contradicciones, las culpas y los
remordimientos. Más allá de la sombra infiel en los matrimonios. Un
«amor de la vida» que aparece lleno de ilusiones y desaparece como un
espejismo. Los locos volcanes del sexo. La edad de hombres y mujeres que
no deja de avanzar pero sin perder la bella esperanza de que lo mejor
puede estar por venir. La juventud arrasa con todo, y las barreras caen,
pero los antiguos amores no abandonan la memoria. Es una comedia. El
público agradecido. Al menos eso se desprende del hecho de que la Sala
Dos del Circular, desde el día del estreno, ha estado completa.
Obviamente, no sólo de comedias vive el hombre, pero cuando aparecen en
este nivel de ajustada calidad –con todo el humor y el desprejuicio de
los brasileños– lo correcto es lo que la gente está haciendo: no
perdérsela. Un elenco integrado por: Juan Graña, Paola Venditto, Mariana
Lobo, Roberto Moré, Álvaro Pozzolo y Victoria Césperes. Nadie está libre
de un amor que le revolucione la vida.
Viernes 21 horas
Sábados 21 horas
Domingos 19:30 horas
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NOTA
«Matar a todos» y
«Polvo nuestro que estás en los cielos»
«Uruguay de ayer,
cine uruguayo de hoy»
Ronald Melzer
En marzo se estrenó Hit, que a partir de su mirada cariñosa a la música
y a los músicos de algunos años atrás, lleva cosechadas más de
veinticinco mil entradas y sigue en cartel. En abril llegó Matar a
todos, que luego de su preestreno en el Palacio Legislativo y el mérito
de encabezar la taquilla durante dos semanas consecutivas, continúa
causando controversias, políticas y no políticas. Ahora se estrena Polvo
nuestro que estás en los cielos, de la torrencial Beatriz Flores Silva,
lo que asegura más polémicas y, ain, más taquilla para el conjunto. Al
igual que las otras, Polvo... se refiere a nuestro pasado inmediato o no
tan inmediato. Pero la presencia simultánea y exitosa de tres películas
uruguayas en cartel es un acontecimiento sólo concebible en el presente.
Ya que el número inmediatamente anterior de la revista «Socio
Espectacular» le dedicó una página a Hit y a su codirectora Claudia
Abend, veamos qué tienen y pueden agregarle al cine uruguayo, al éxito,
a la política y a las polémicas, las películas Matar a todos y Polvo
nuestro que estás en los cielos, y sus respectivos directores.
MATAR A TODOS: TODOS SOMOS CULPABLES HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO
Eugenio Berríos fue un químico y militar chileno muy especial. Sus
amplios conocimientos científicos, su inteligencia, su profunda y
asumida amoralidad, su capacidad para investigar, su absoluta falta de
escrúpulos, su método de trabajo, y su eficacia para dirigir operativos
de altísimo potencial destructivo lo convirtieron, ya en vida, en un
personaje mítico. Siempre se supo que era él quien estaba detrás de los
inventos y los operativos más estrafalarios y temibles perpetrados por
la dictadura que encabezaba Augusto Pinochet, y, por añadidura o
derivación lógica, por las demás dictaduras que integraban el entonces
oculto y ahora indesmentible Plan Cóndor. Berríos era un genio del mal.
Y como todo genio, imprevisible, escurridizo, quizás incontrolable. Pero
también era un mandadero. Un día algunas personas con poder de decisión
en Chile, Argentina, Uruguay o en los tres países al mismo tiempo,
consideraron que había dejado de ser útil. O que, aun siéndolo, se había
convertido en un peligro para la cofradía militar. Sabía demasiado y,
llegado el caso, sería capaz de compartir sus experiencias con personas
políticamente independientes.
Está claro que desde que Berríos recaló en Uruguay con nombre falso,
bajo custodia o directamente secuestrado, su vida corría peligro. Un día
aún no determinado entre fines de 1992 y principios de 1993, se lo
ejecutó. No fue el último acto delictivo centrado en su persona. Durante
un buen tiempo, en Uruguay y países vecinos, la ejecución fue negada,
disfrazada y hasta tildada de ridícula por voceros «autorizados», en lo
que cabe valorar como un nuevo crimen, ahora perpetrado en contra de la
inteligencia humana, o en todo caso en contra de la democracia. En
Montevideo llegaron a publicarse fotos que lo mostraban veraneando en
Italia. Hasta que un día apareció el cadáver en las playas de Solymar,
aparecieron más noticias, apareció la justicia chilena, aparecieron
algunas de las revelaciones sobre experimentos con armas masivas. Han
pasado más de 15 años desde su asesinato, pero, no sin dificultades, la
justicia chilena sigue investigando. Tres militares uruguayos están
detenidos en Chile a su requerimiento y, hoy en día, la prensa de Chile
y de Uruguay continúa aportando más datos. El caso no se ha cerrado.
Pero no se puede afirmar, aún, que el crimen cometido contra Berríos
esté aclarado. Y a modo de sardónica contrapartida, muchos de los
crímenes ideados, organizados y ejecutados por Berríos siguen impunes.
Esos son algunos de los temas que pretende abordar la película que muy
adecuadamente Esteban Schroeder tituló Matar a todos, en alusión a una
factible fantasía de ese hombre, o, con más precisión, de sus superiores
en el escalafón militar y civil. A tales efectos, un abordaje directo,
tomando la vida y «obra» de Berríos era, desde ya, cinematográficamente
posible. Pero habría sido demasiado frío, distante, problemático,
incapaz de concitar adhesiones o rechazos emocionales. No tendría un
héroe con quien identificarse, ni un enemigo fijo con cuerpo y alma en
quien volcar frustraciones casi milenarias. Recuérdese: Berríos fue
asesinado, y de algún modo ese hecho lo transformó en otra víctima. Otra
posibilidad consistía en elaborar un documental. Pero sería un
documental al que el natural devenir de una investigación judicial que
está lejos de concluir declararía incompleto y viejo a pocos meses del
estreno, si no antes. Hubiera sido otra opción intrincada, equivocada,
de vuelo corto y caducidad rápida.
Así las cosas, Schroeder tomó, a lo largo de los seis años largos que le
llevó escribir, reescribir, transcribir, discutir y cambiar su guión,
dos decisiones fundamentales. Una consistió en hablar sobre Berríos y
sobre lo que este representa a través de una vía indirecta. Una jueza de
instrucción o fiscal (la «licencia jurídica» está justificada), soberbia
y sobriamente interpretada por Roxana Blanco, se topa con el caso casi
por casualidad, prosigue con la investigación a pesar del recelo de su
superior judicial inmediato (Jorge Bolani), cae inevitablemente en los
brazos o tenazas de su padre (Walter Reyno) y su hermano (César Troncoso),
militares de alto rango lejana o cercanamente involucrados en el
ocultamiento de la verdad, viaja a Chile y Argentina en busca de más
información, la obtiene gracias a un periodista (Patricio Contreras) y a
la psicológicamente alterada viuda de Berríos (María Izquierdo), sufre
amenazas dirigidas a ella y a su hijito, finalmente se involucra en el
caso de una manera lo suficientemente personal como para que se borre
todo límite posible entre su expiación privada y la de la sociedad en su
conjunto. La atención del espectador es absorbida, entonces, por
mecanismos que lo obligan a participar como un testigo más, pero no un
testigo neutral, sino uno que está del lado de alguien con nombre,
apellido, rostro, profesión y ética.
La segunda decisión tiene que ver con los códigos de comunicación entre
la trama y el espectador, y que aquí lucen netamente influidos por el
thriller político tal como entre los años 60 y 80 practicaron directores
europeos como Costa-Gavras (Z, Estado de sitio), argentinos como Adolfo
Aristaraín (Últimos días de la víctima) o italianos como Elio Petri
(Investigación de un ciudadano bajo toda sospecha). No siempre esos
códigos son manejados con el dinamismo y el suspenso que convirtieron a
esos ejemplos en pequeños (o grandes) clásicos, pero el mero hecho de
atreverse a usarlos con recursos más que dignos, es un síntoma de
madurez expresiva, de confianza en sus recursos, de valentía para meter
una baza en terrenos que hasta ahora el cine uruguayo no se había
animado a explorar.
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LA
JUEZA, EL JUEZ, LOS MILITARES Y EL CINEASTA, SEGÚN ESTEBAN SCHROEDER
NOMBRES. «La película se llama Matar a todos pero podría haberse llamado
Julia. Es la historia de una mujer que cree que reinterpretando su
pasado va a poder entender su presente. Claro, al principio se llamaba
99 por ciento asesinado, lo que daba más la idea de crónica. En cambio,
con Matar a todos presento a un personaje que algún día pretendió crear
armas de destrucción masiva.»
UN VILLANO CIVIL. «Hay un personaje civil fundamental, el juez Santa
Cruz, interpretado por Jorge Bolani. Me tomé algunas libertades con
respecto al funcionamiento procesal de la justicia en Uruguay. Sé que
los procedimientos no son aquí exactamente los que uso en la película.
En todo caso me interesaba contrastar la actitud de Santa Cruz/Bolani
con la de Julia/Roxana Blanco, asumiendo que el primero tenía el
privilegio de darle órdenes a la segunda. Eso fue parte de la dictadura,
también, y sobrevivió durante buena parte de la democracia. Santa Cruz
fue y es claramente un colaboracionista. El contraste entre ambos me
sirvió para explicar contradicciones sociales más profundas. La actitud
de Santa Cruz representa, más que una manera de ejercer el
maquiavelismo, una forma de hacer las cosas que imperaba en el momento.
Eso me parece interesante. Alguien con quien parece no pasar nada,
alguien que no pesa, termina tomando actitudes que determinan la vida de
los demás.»
FICCIÓN Y REALIDAD. «Procuré jugar hasta el límite las relaciones
posibles entre ficción y realidad. Cada espectador descubrirá lo que es
verdadero y lo que no, en función de cómo le afecte su mundo interior.
Si existen las verdades colectivas, estas se construyen a partir de
verdades individuales que cada uno deberá elaborar por su cuenta. Este
relato no es simplemente verdadero, sino necesario, para mí y para la
sociedad. Además tengo que reconocer que, de alguna manera, me siento
proyectado en todos los personajes, aun en los menos agradables.»
PROVOCACIONES. «Hay tres relaciones personales que a mí me gusta cómo
están planteadas, pero reconozco que, en otro contexto dramático, daban
para profundizar más. Una es la que se establece entre el general de la
dictadura que interpreta Reyno y su hijo (Troncoso), hermano de la
protagonista. Troncoso actúa como actúa frente a su padre porque no
tiene opción. Tendrá que haber cambios en las fuerzas armadas del futuro
para que los militares de las nuevas camadas logren superar el estigma
del pasado. Quería provocar, casi de costado, ese debate, y creo que lo
logré. La relación entre Julia y su superior, el juez Santa Cruz, alude
a otra clase de colaboracionismo, menos visible pero más desfachatado,
quizás más crucial. Pero puede haber espectadores que no estén de
acuerdo. Perfecto. La tercera relación es la que se produce, o mejor
dicho se mantiene, entre Julia y su antiguo novio, interpretado por
Darío Grandinetti, que representa el pasado, lo que no fue, lo que no
pudo ser. Ahí instalo algo de melancolía y hasta una reflexión más
personal, con la que seguramente mucha gente se sentirá identificada.»
JULIA Y LOS MILITARES. «Hay un aspecto en el que me interesaba
especialmente entrar, y que tiene que ver con la posición de Julia, una
idealista hija de militares. Tiene el demonio en casa, es algo que forma
parte de su vida. No podrá resolver ese conflicto nunca. Estas historias
tan duras no ocurrieron solo por culpa de la violencia. Hay un costado
trágico, y supongo que intemporal en eso. De todos modos, tengo claro
que los abismos éticos que habitan la familia de Julia son básicamente
los mismos que los de toda nuestra sociedad.»
PRODUCTOR Y DIRECTOR. «Sé que es cuestionable que uno gaste buena parte
de sus energías en producir su película. Por otra parte, yo tengo una
vocación por la producción. Hay gente que me identifica más por eso que
por mi tarea de director, ya desde los tiempos de CEMA. Pero, bueno,
reconozco que no es la situación ideal, por más que la mayoría de los
directores/autores en América Latina suelen ser sus propios productores.
Lo que pasa es que cuando el dinero no sobra, y nunca sobra, de lo que
se trata es de generar confianza. Y nadie puede hacerlo mejor que el
propio director. Hacer una película es una cadena de confianzas. Eso me
lleva a que, a la hora del rodaje, me sea imposible discernir dónde
termina el productor y empieza el director, o al revés. Está claro que
deberían ser figuras independientes, para que, como tales, discutan,
disputen y enriquezcan el proyecto. Pero acá eso es, por el momento,
impensable».
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POLVO
NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS: UN TORRENTE SOBRE OTRO TORRENTE
Una niña, una familia, un país, una mirada, un estilo. A falta de
una definición más precisa, tarea imposible, esas serían las cinco
capas narrativas que definen las dos partes simétricas de la
torrencial película en la que Beatriz Flores Silva habla algo y
muestra mucho de lo que pasó en Uruguay hacia noviembre de 1966,
primero, y junio de 1973, después.
La niña (Antonella Aquistapace a los 7 años, Elisa García a los
14) es hija ilegítima de un político prominente del Partido
Colorado (Héctor Guido) que le ha prometido el oro y el moro a su
amante, pero como le va bien en las elecciones (aquellas que ganó
la fórmula Gestido/Pacheco Areco) descubre de golpe que tiene
obligaciones más oficiales y, por lo tanto, no puede cumplir con
lo prometido. Su amante se suicida y la niña, testigo de todo, es
recogida por su padre, en un gesto que, para sus códigos, podría
tildarse de noble. Por supuesto, la familia del político, a la
sazón en pleno festejo por el triunfo electoral, no recibe a la
niña de la mejor manera. Apenas han transcurrido cinco, quizás
diez minutos de metraje y esa niña ya es una outsider completa.
Más adelante, logrará adaptarse a su nueva situación. La
adaptación le llevará el resto de la primera mitad de la película,
en la que trabará una ambigua relación con su hermano (mismo
padre, diferente madre), su madrastra (Margarita Musto), su abuela
(Myriam Gleijer), su tío (Augusto Mazzarelli) y la servidumbre,
pero sin abandonar nunca una peculiar condición de testigo al
mismo tiempo privilegiado y sufrido que observa cómo lo que está a
su alrededor empieza a resquebrajarse. Durante la segunda mitad,
ambientada en 1973, la familia y la casa se desbarrancarán sin
pudor. Pero la ahora adolescente seguirá, con sus valores morales
a cuestas, igual de pura.
La segunda capa de interés humano la conforma esa vieja/nueva
familia patricia a la que ese corrupto semiprócer batllista
conduce con mano firme e ideas tan machistas como esquivas,
mientras su esposa gasta o pierde su tiempo reparando y
recomponiendo el enorme caserón donde persisten como pueden unos
lujos orientales a los que el tiempo y la desidia de la mayoría de
sus habitantes continúan erosionado. Buena parte de la película
transcurre dentro de ese espacio cerrado al que corresponde
definir como metafórico. En el episodio de 1966, los entusiastas
practicantes de la dolce vita simulan no percibir la decadencia,
mientras las relaciones entre ellos se siguen deteriorando,
mientras cada uno de los integrantes de la familia se lanza en
paracaídas a la caza de un salvataje providencial, como el
personaje de Augusto Mazzarelli, que vende enciclopedias, mientras
acechan desde su interior efigies amenazantes pero aún
silenciosas, como el mayordomo que compone Juan Gomero, mientras
el obrero que dirige la restauración (Enrique Vidal) reclama sus
haberes sin levantar la voz. Para la segunda mitad, que transcurre
en 1973, la casa y la familia ya estarán en pleno proceso de
derrumbe, pero ahora habrá quien lo note. El medio hermano de la
protagonista (Nicolás Furtado) se hizo tupamaro, el mayordomo
agarró para otro(s) lado(s), el obrero se fundió, el político
perdió su trabajo y sus negocios y luego perderá algo aun más
valioso, la dueña de casa se pudo haber enloquecido (del todo).
La tercera capa está compuesta por el país entero. Ese país que se
resquebraja al mismo tiempo y con la misma intensidad que la
mansión, y al que la película «visita» cuando husmea dentro de una
casa de gobierno corroída por dentro en función de la pérdida de
referencias reales, dentro de un cantegril donde malvive el obrero
Vidal junto a su familia y dentro de una iglesia donde el cura
negro Lucio Hernández despotrica en contra de los explotadores. Un
país en el que las noticias de los diarios y la televisión solo
hablan de crisis y en el que se han instalado los guerrilleros y
luego los tanques que los reprimen y están a punto de terminar con
sus sueños y con sus vidas.
La cuarta capa de interés está determinada por el inacabable flujo
de información con que la directora Flores Silva define al
período, bajo el doble paraguas de que ahí pasó absolutamente de
todo, y de que solo explicitándola claramente a través de imágenes
y sonidos, esa idea daría cuenta de lo que pasó. Así, se suceden
adulterios, nacimientos ilegítimos, duelos a primera o a última
sangre, suicidios, borracheras, derrumbes, demostraciones de
racismo, episodios de locura, sorpresivas revelaciones de
homosexualismo, mentiras lanzadas a diestra y siniestra sin pudor,
movimientos sediciosos, explosiones de violencia, manifestaciones,
represión, asesinatos, alusiones a la historia del Tercer Reich,
un incesto, un poco de ternura, otro poco de cordura, el fantasma
del exilio y la concreción de un parto in extremis. Fueron tiempos
agitados.
La quinta capa, concomitante y determinante del espíritu de la
anterior, tiene que ver con el peculiar estilo de la directora. Un
estilo que consiste en mezclar, sin tapujos, concesiones o
límites, estéticas diferentes que serían, bajo otra mirada, o en
otras manos, contradictorias. Quizás sean esos sus mayores
méritos: su desinhibición para afrontar los mayores riesgos y su
pasión para valerse de esos riesgos a los efectos de contarlo
todo. Así, brotan en la pantalla imágenes y sonidos que aluden o
recuerdan explícitamente recursos propios del costumbrismo, el
realismo mágico, el thriller, el grotesco, la comedia de enredos,
la fantasía metafórica, la sátira política, el documental
reconstruido, el gran guiñol, el humor negro, la tragedia. O como
dice la directora, la «tragicomedia».
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EL PAÍS DE LAS METÁFORAS, SEGÚN
BEATRIZ FLORES SILVA
TÍTULO. «Masángeles», que es como se llama la niña protagonista, fue
siempre un título provisorio. Encuentro poco interesante poner como
título de una película algo que para uno significa mucho, pero para el
espectador, que no sabe de qué va, no significa nada. Siempre estuve a
la búsqueda de un título que al mismo tiempo reflejara algunas cosas de
la película y que provocara a un espectador potencial. Además quería que
reflejara el estilo, sobre todo su faceta tragicómica. Creo que encontré
ese título. Lo de «polvo» puede aludir a una cuestión erótica o al polvo
que uno barre, o a un país que se había hecho polvo. Quería que el
espectador imaginara, a partir del título, que iría a ver algo
divertido, algo que me parece esencial, y que al mismo tiempo se
preguntara cosas. También quise promover una polémica, y una reflexión
sobre una época que considero muy importante.»
¿AUTOBIOGRAFÍA? «La niña no se parece en nada a mí. Yo no tenía esa edad
en 1966, era mayor, no era maravillosa y fantástica como ella, y mucho
menos ‘aneurótica’. Al contrario, lloraba mucho, no comía lo que me
indicaban, me portaba mal; y no soy hija ilegítima. Puede haber un punto
de proyección mío en ella que lo encontré después, y que tiene que ver
con la situación de abandono que sufre la niña en la película, una
sensación que tuve durante mi infancia, aunque nadie me había
abandonado. Pero ese es un nexo de mi subconsciente. Con respecto a mi
familia, era muy diferente. Es verdad, tanto mi padre como Aurelio, el
personaje que hace Héctor Guido, son políticos colorados y se batieron a
duelo. Pero fuera de eso mi padre no tiene nada que ver con ese
personaje. Mi padre tenía preocupaciones sociales, y las ejercía.
Aurelio no. Con Aurelio quise representar a un político tradicional
típico, en este caso batllista; quizás podríamos pensar en otras
personas, y no en mi padre. Mi padre era un intelectual, era cálido,
tenía virtudes que Aurelio no tiene. No quiero que se los confunda. Con
respecto a la familia de Masángeles, tampoco es la mía. Yo tengo tres
hermanos, no uno; las cosas que suceden entre esos dos hermanos, no me
sucedieron a mí. Aunque sí hay algunas cosas que son un poco
autobiográficas. Fui a la casa presidencial, cuando mi padre era
ministro, poco antes de renunciar, y vi a la hija de Pacheco comiendo un
huevo de pascuas que medía un metro y medio. Eso no está en la película,
pero el surrealismo de una situación así se da a entender a través de
otras situaciones. Pero la mayoría de las cosas fueron muy diferentes.
En la casa de Masángeles y Aurelio hay corrupción, en la mía no. La
había, en todo caso, en la casa de otros políticos que conocí.»
DESAFÍOS «La idea siempre fue la de hacer algo que sucediera en aquellos
años, es decir, en aquella época predictadura en la que tantas cosas
sucedían simultáneamente desde el punto de vista político. Pero al mismo
tiempo la política no debía estar en primer plano. La política debía ser
el trasfondo de una anécdota que tenía otras características: ese era mi
desafío. A su vez, quería contar la historia de una niña que llegaba a
una familia, pero la niña no debía ser el único personaje importante.
Ese era el segundo desafío: cómo hacer para conservar una protagonista
de la que uno no podía olvidarse dentro de una película coral en la que
debía haber cierto equilibrio dramático entre varios personajes. Me
estaba alejando de una narración clásica como la de En la puta vida,
donde había una heroína que quería lograr una cosa, y luego la lograba o
no. En Polvo nuestro... la protagonista no quiere lograr nada. Solo
busca cosas esenciales, como amar, dar vida o cuidar de los otros. En
cambio, todos los demás quieren cosas como reformar la casa o ganar
votos: están desesperados por cosas. El mundo de los desesperados me
interesa mucho, porque vivimos en una sociedad en la que todo el mundo
está medio desesperado, y eso eleva la neurosis y pudre muchas cosas. El
personaje de Masángeles es, como contraste, aneurótico, ideal. Parte de
la anécdota implicaba contraponer la neurosis de los demás con la
aneurosis de ella.»
METÁFORA. «Para mí la historia es una metáfora de la tragedia que
sucedió en el país, y esa tragedia termina en el mítico 27 de junio de
1973. Entre 1966, año en que transcurre la primera mitad y 1973, en que
transcurre la segunda, el país se transformó completamente de uno
tradicional a otro que nos sorprendió a todos. Ese pasaje se dio
claramente durante esos años, y para mí era importante reflejarlo en la
película. Se podía haber hecho de otra manera. Pero para mí dividir la
historia en dos me permitía pasar de los 7 años que tenía la niña a los
catorce que tenía la muchacha después, con todo lo que eso implica.
Luego percibí que había otras casualidades. Cuando vi el documental
sobre Sendic descubrí que el movimiento tupamaro había durado más o
menos el mismo tiempo, solo que había empezado un poco antes de 1966 y
terminado en 1972. Lo que me atraía de esa época es la existencia del
sueño: la idea de que se puede cambiar el mundo, y luego la represión y
matanza de esa posibilidad. Me parece interesante reflexionar sobre eso
en este momento, en que ya no hay sueños. Hoy simplemente se vive, no se
sueña. Por lo menos yo no encuentro la forma de soñar con cambios
reales.»
Fe de erratas
En el reportaje que se le realizó a Galeano, en la edición del mes
de abril, nos referimos a su último libro «Espejos» con el nombre
de «La paradoja andante», basados en anticipos que Eduardo nos
mandó encabezados con dicho título. Hemos tratado de comunicarnos
con Galeano para aclarar el entuerto, pero se encuentra viajando,
paradójicamente, presentando «Espejos».
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NOTICIAS
SE
INCORPORA "LA GAVIOTA"
A SOCIO ESPECTACULAR
Los caminos de la cultura artística tienden a juntarse, y así es que
puntualmente a través de este «Regreso del Gran Tuleque», La Gaviota y
Socio Espectacular se unen para invitar al disfrute del arte escénico.
Dentro de la modalidad «espectáculo con cupo» se podrá concurrir a todas
las funciones de esta formidable realización.
Luego de la exitosa temporada 2007, en el marco de los festejos del 30°
Aniversario del Teatro La Gaviota, vuelve «El regreso del Gran Tuleque»
de Mauricio Rosencof, con dirección general de Carlos Aguilera, música
de Jaime Roos, dirección musical de Andrés Atay y participación de
integrantes de la murga El Gran Tuleque. Con González Santurio, Lydia
Etchemendy y elenco.
En estos momentos de la historia uruguaya en que están sucediendo hechos
importantes a nivel de la Justicia, esta obra adquiere una fuerza y una
vigencia extraordinarias. La historia simple de un vagabundo, Tuleque y
su compañero, Sacucho que van en busca del amor perdido de la juventud,
la Margarita. Los sueños y pesadillas de este personaje, que transcurren
con las enigmáticas y fantásticas apariciones de la murga, creando una
estructura dramática que va de la risa a la ternura, de la emoción a la
denuncia.
El poético texto alude perfectamente al Uruguay actual que, como Tuleque
a Margarita, todos llevamos hace rato sobre una carretilla.
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ENTREVISTA
«LAS APARIENCIAS ENGAÑAN»
Obra de Thomas Bernhard en el
Goethe
Luis Vidal Giorgi
Del importante autor austríaco Thomas Bernhard (1931-1989) se han
estrenado en nuestro país «La fuerza de la costumbre» en la Comedia
Nacional y «Almuerzo en casa de Ludwing» en El Galpón, con la dirección
de Nelly Goitiño. Esta obra llega con un equipo encabezado por Patricia
Yosi en la dirección y Juan Carlos Moretti y Walter Reyno en la
actuación.
–Comenzamos contigo, Moretti, ya que estuviste fuera del país varios
años y retornas con esta obra.
Moretti –Yo estuve siete años alejado, que es bastante tiempo, pero con
un alejamiento relativo. Tuve la gran suerte de venir con casi todos los
espectáculos que hice. Con la obra sobre Giordano Bruno estuvimos como
un mes; también con «Ñaque de piojos y actores», de Sanchos, y con «Minetti»,
de Bernhard, justamente. Eso hizo que la separación de los compañeros no
fuera tan grande. Nosotros fuimos a España por un proyecto de vida,
afectivo, pero por suerte me fue bien con el teatro y pude vivir todo el
tiempo de esa actividad, lo cual me permitió una tranquilidad al estar
contratado para actuar y dirigir por una compañía. Pero somos
latinoamericanos, y uno siente que los ancestros y los lazos afectivos
empiezan a pesar de una manera especial. Y por otro lado, recordemos que
yo me fui a los sesenta años: eso significa que toda mi vida está en
Uruguay. Y empecé a sentir la necesidad de volver, pese a que todo iba
muy bien en España. Las condiciones se fueron dando para eso, y uno de
los hechos importantes fue la invitación de Patricia para montar la obra
de Bernhard.
–Autor entonces al cual conocías, ya que habías representado una obra de
él.
Moretti –Justamente, es un autor muy importante, que en España se hace
mucho. Es uno de los grandes del teatro contemporáneo por su
profundidad, por su forma de abordar al hombre. Hay pocos dramaturgos
tan ricos como él, que hagan sentir a un actor que en cada día de ensayo
van apareciendo planos diferentes, otras dimensiones, que aun a meses de
ensayar, igual se van abriendo como flores. Y eso es muy gratificante
para los hacedores. Y además te va enriqueciendo humanamente, por esas
profundidades que plantea.
–¿Es un autor considerado maldito?
Moretti –No me gusta encasillar a los autores, y menos en el teatro.
–Pero al menos tiene fama de cruel, empezando consigo mismo.
Moretti –Es un autor que se las trae. Es que su vida fue muy especial. Y
uno va sintiendo que es en gran parte autobiográfico, plasma aspectos de
su vida en sus personajes.
–¿Qué te atrajo de este título tan sugerente?
Yosi –Me ha gustado mucho todo lo que he leído de Bernhard, como
«Almuerzo en casa de Ludwing» o «Plaza de héroes», grandes textos que
expresan profundidades sobre los seres humanos. Con este tenemos un gran
desafío, pero no me da miedo tanto la obra como lo que piensa el autor
de una serie de temas. Por ejemplo: él como escritor dice que lo que
imagina, le cuesta mucho trasplantarlo al papel. Cuando un lector lee,
por lo menos cuenta con su imaginación, con la cual podría acercarse a
lo que él imaginó. Pero en el caso del teatro, dice que los actores que
se torturan ensayando son simplemente unos traductores-reproductores de
lo que está dicho en el papel, quedando muy lejos de lo que él
ambicionaba o proponía. Eso es lo que da pánico.
Esta obra es especialmente autobiográfica, tanto que los personajes, que
son Carl y Robert, entre los dos forman a Thomas Bernhard, si uno tiene
presente las condicionantes que hacen al autor de determinada manera:
que sea contradictorio, que sienta amor y odio. Eso lo tienen estos dos
personajes. Es como si Bernhard estuviera partido a la mitad, y entre
ambos formaran su historia.
En su vida está la figura de su madre, que lo tuvo como hijo natural y
lo dejó con su abuelo en un campo. Cuando vuelve, lo hace con un hijo
chico de otro padre. Y él siente la rivalidad al pensar que la madre
prefiere a su hermano, pues lo ha criado, y a él lo dejó con el abuelo.
El cual también era escritor, y le daba libros: a los 12 años ya había
leído a Schopenhauer. Esos personajes, entonces, son contradictorios y
complementarios. Se aman y odian al mismo tiempo, son competitivos. Una
de sus frases contradictorias que lo reflejan en su centro es: «Yo
quiero estar solo pero odio la soledad».
Por otro lado, salta de una emoción a otra. Él estudió música y en su
literatura se nota que hay una modulación musical. Lo más difícil es que
escribe sin explicar nada. Hay que imaginar sólo a partir de lo que está
escrito; no hay acotaciones ni descripción de sensaciones.
Es muy bueno tener a Moretti, a quien ya había visto actuar en el texto
de Bernhard; creo que es un actor que se ha consustanciado con este
autor.
–¿Los protagonistas son del mundo del espectáculo?
Reyno –Son un actor de teatro retirado y un malabarista de circo. Es
feroz lo que se dice también respecto a la gente de teatro. Los dos
quieren ser el número uno en lo suyo, y ambos están enamorados de la
misma mujer. Era la mujer de uno, pero también convivía con el otro,
aunque no sabemos hasta qué punto. Los tres iban juntos a todos lados.
Esa mujer ha muerto hace poco.
Yosi –Algo importante a señalar es que en varias obras que giran
alrededor de un personaje protagonista, este no aparece. En «Plaza de
héroes», todo gira entorno al profesor judío que se suicidó en el
momento en que arranca la obra. Acá esa mujer acaba de morir, y la vamos
conociendo a través de lo que van diciendo esos personajes.
Reyno –Los dos hermanastros se visitan dos veces por semana y recuerdan
a esa mujer. Es un trabajo desafiante para un actor, pues el autor no
pone ni siquiera un signo de pregunta o admiración, no te dice nada,
todo tenés que elaborarlo; y a la vez, es muy duro respecto al ser
humano.
Moretti –Con respecto a lo que dice Walter, el autor lo plantea en un
tono que por momentos tiene humor y es un gran irónico. Nunca se sabe si
lo que está diciendo es o no es. A veces parece una comedia. Eso lo
enriquece, no es esquemático el planteo.
Yosi –El tono de comedia está presente. Y el gran tema de la obra es la
incomunicación. Y eso es parte del mundo de hoy. Bernhard se ríe de eso
y se ríe de él mismo. En algunas versiones se ha remarcado lo trágico. Y
lo interesante es no subrayar, que la obra fluya y lo que se diga salga
livianamente, con todos los sentimientos, desde la rabia al humor.
Moretti –Al igual que Chéjov, dice cosas terribles en tono amable y con
ternura, pues uno siente que esos personajes se quieren mucho. Aunque
quizás sea la última vez que se vean.
–¿Algo para destacar respecto a la música, que es tan importante en su
obra?
Yosi –Está a cargo del Maestro Condon. Hay mucha música. Un personaje
responde a Brahms y el otro a Mozart: llega a esas sutilezas.
–Y para terminar: ¿Una frase significativa de tu personaje?
Reyno –En un momento nombra a Voltaire, que dijo: «La civilización no
suprime la barbarie, la perfecciona».
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Trastienda
del teatro
Soledad
Capurro
«La creación y la innovación en el tetaro , la docencia y la moda»
Inteligencia, compromiso y creatividad son características que pueden
definir claramente a una de las diseñadoras de mayor trayectoria del
teatro nacional. Su creación transita desde su local de modas en la
Ciudad Vieja a los teatros de Montevideo y a la Escuela de Arte
Dramático «Margarita Xirgu» donde trabaja como docente. También el cine
y el carnaval han conocido su trabajo.
Por María Varela
–A la hora de realizar un diseño teatral, ¿predomina más lo estético o
lo funcional?
–A la hora de mostrar un diseño predomina más la estética, porque lo
funcional está incluido. Lo funcional es un prerrequisito del texto o de
la versión o de la idea de puesta del director. La funcionalidad actúa
como delimitador por un lado y como indicador de la estética que se va a
trabajar en el espectáculo, por el otro. Por ejemplo, si nos referimos a
lo funcional como la cantidad de cambios que requiere un actor para
establecer un personaje, o la cantidad de personajes que va a
representar cada actor, a través de un cambio de vestuario, podríamos
estar hablando de estéticas distintas de entrada. Si un actor representa
siete u ocho personajes, ya nos está dando una pauta de cómo los
personajes de la obra actúan más como estereotipos, de que se podría
acercar a un teatro simbólico o una parodia. En tanto, si necesitamos
siete vestuarios para un personaje, podríamos hablar de una obra cercana
al realismo, donde cada escena marca el tiempo a través del vestuario. O
sea, que lo funcional es un análisis imprescindible al inicio de la
lectura del texto. Lo funcional nos dice generalmente en qué juego
estamos metidos. Lo estético se refiere a cómo vamos a jugar. En este
sentido, ambos cumplen un papel complementario. En mi caso, no me hago
nunca un planteo estético antes de detectar estos funcionamientos.
Entonces, lo estético pasa a ser el alma de la obra, lo que nos dice
cómo vamos a comunicar, la forma más clara de lo que se quiere decir en
la obra. En este momento aparecen las preferencias estéticas del
diseñador.
–¿Cómo pautás la realización del vestuario en una obra?
–El procedimiento de todos los diseñadores consiste en una serie de
confrontaciones antes de pautar la realización. El punto inicial es
saber en qué espacio teatral voy a trabajar. Es fundamental ya que
determina todas las pautas que vienen a continuación. No es lo mismo
trabajar para el Teatro Solís que para el Teatro El Galpón o el Teatro
Circular. En segunda instancia, se conversa con el director y se ajustan
las propuestas. En tercer lugar, se asiste a los ensayos con regularidad
hasta ver las puntas de trabajo que los actores proponen; se conversa
con el elenco también a los efectos de ajustes. Entonces se pasa a
traducir las ideas a los realizadores.
Los procedimientos son: una vez elegida la atmósfera general, las formas
y volúmenes, paleta de colores y las texturas, se hacen las fichas
explicativas (técnicas), para que se entienda la propuesta a la hora de
realizarla y se eligen las telas. Después hay un seguimiento hasta el
día del estreno.
–Como docente de la EMAD, ¿cómo ves a las nuevas generaciones?
–Quizás parezca extraño, ya que normalmente se escucha la queja sobre el
quietismo de los estudiantes, lo poco que leen, etc.; incluso se habla
de un gran problema de estas generaciones. En mi caso tendría que decir
exactamente lo contrario. Son apasionantes, interesados, curiosos,
creativos, responsables, tienen todo a favor. Estoy convencida de que
estas generaciones de diseñadores van a cambiar mucho el teatro en
Uruguay si consiguen que el medio uruguayo en general, y en particular
el teatral, sea suficientemente flexible para aceptar sus propuestas.
Creo que la EMAD, en la Carrera de Diseño, ha cambiado y crecido mucho
en esta última etapa. Más aun, pienso que son las generaciones nuestras,
como docentes, las que tenemos que estar permanentemente creciendo para
responder a la función y responsabilidad docente. Ojo, no es un camino
de rosas, la docencia es muy absorbente y consume mucha energía. Pero lo
fundamental es constatar que hay respuestas positivas a esos esfuerzos
de parte de los estudiantes.
–¿En qué punto se une la empresaria, la diseñadora de moda, la
diseñadora de teatro, de carnaval y la docente?
–Para contestarte voy a empezar por hablar de lo que parece más
distante, que es lo de empresaria. Creo que una empresa, por más
organización y planificación que tenga, depende en gran medida de la
creatividad y la intuición, sobre todo en países como el nuestro. Los
riesgos son económicos, pero la permanente innovación y creatividad que
requiere estar al día en el mercado de la moda, no difiere tanto de la
tarea de diseño en general, y lo que vendo en la empresa es diseño. Por
supuesto, mi concepto de diseño, y esto tiene que ver con la propuesta
casi teatral en la decoración del local que poseo, FRAU, así como la
elección del diseño, así como el criterio de marca y el perfil de
clientela que sabe que en FRAU hay una propuesta diferente. No creo
tanto en los mapas prefijados para la creación de una empresa, sí en la
metodología a aplicar que es común a todas. Lo importante es la claridad
y coherencia entre lo que se quiere, se piensa y se hace; eso lo
entiende la gente, lo valora, tanto sea en una obra de teatro, como en
lo que muestra una empresa. No pienso que sean lo mismo, eso está claro,
pero me interesa resaltar los puntos en común, sobre todo para los que
empiezan una empresa de diseño. Hay cosas que no son de manual, son de
intuición y experiencia, a veces, como en mi caso, asociada a algo que
parece el opuesto como es el teatro. Pero todo conocimiento es
transferible de un campo a otro.
–También fuiste curadora de exposiciones. Contanos algo sobre esas
exposiciones.
–En las curadurías armás un guión, un mapa a seguir y cómo mostrarlo a
la gente para que lo entienda, le llegue y lo disfrute. En la exposición
del 2007 del Centro Cultural de España «Espejito... ¿quién es la más
bella?», intenté mostrar de una forma no tradicional, no museística, la
discriminación en el cuerpo de la mujer desde 1850 hasta hoy, tratando
de decir que el tema no está saldado, aunque no nos demos cuenta.
Indagar el pasado para encontrar respuestas y preguntas en el presente.
En esta exposición se remarcó con el elemento espejos, la formación del
cuerpo a través de la mirada del otro, que históricamente es la mirada
masculina. Es un tema muy interesante y me quedó pendiente exponer sobre
el cambio de géneros en la mirada dominante, que se produce
fundamentalmente a partir de los ochenta y se manifiesta particularmente
en el arte. Me encantaría tener la oportunidad de seguir ese guión hasta
el hoy, desde el cambio en la mirada y la ruptura de la masculinidad
patriarcal dominante. Espero que me aparezca una oportunidad de mostrar
esto, que es apasionante. Trabajé en muchas exposiciones ya que durante
unos años era mi tarea en la Unión Latina. Siempre lo más interesante es
plantearse cómo se vincula el tema con el hombre contemporáneo. En el
caso de la Unión Latina, hicimos, por ejemplo, una búsqueda de los
dichos populares que utilizamos los uruguayos y su origen en el latín,
acompañado con una exposición en los medios de transporte de los
plásticos nacionales, que tenían un perfil que podía orientarse a la
caricatura, y estaban dispuestos a ilustrar estos dichos.
–¿Cómo es tu experiencia en el cine?
–Trabajé en varias ocasiones. Empecé en TV Ciudad con Juan Carlos
Rodríguez Castro en «Cuentos para ver», uno de los primeros proyectos de
ficción de TV Ciudad, y lo último que hice fue con Beatriz Flores,
«Polvo nuestro que estás en los cielos», desarrollando el vestuario de
Margarita Musto en un personaje muy particular e interesante para
resolver. Era como un lenguaje paralelo en la anécdota, difícil de
lograr para la actriz y muy importante en el vestuario; ese fluir en
paralelo estaba dado visualmente por el vestuario, ya que el resto de la
película caminaba por otra vía. Además, ese personaje completaba una
visión estética que a Beatriz le importa desarrollar en sus películas, y
como te decía respondiendo a tus otras preguntas, coincide con búsquedas
mías sobre cómo contar las historias.
–¿En qué proyecto estás trabajando?
–Estoy en un proyecto para el teatro Solís, una versión de Mariana
Percovich sobre «Bodas de sangre». Es una propuesta muy interesante, que
también tiene una visión hacia nuestra contemporaneidad en los textos
clásicos. Versión muy inteligente y respetuosa de una obra de Lorca,
pero que intenta quitarle todo el barniz o maquillaje que se le ha ido
adjudicando a Lorca durante muchos años, y centrarse en la fuerza y
verdad del conflicto de la obra. Y mostrar que lo que se está diciendo
tiene que ver con el hoy y el nosotros. Si no es así, ¿qué hacemos
haciendo teatro?, ¿entretener? Para eso la sociedad actual ya desarrolla
mucha inversión en el entretenimiento superfluo. El mejor ejemplo lo
tenemos en «Don Gil de las calzas verdes». En este caso, la puesta es
absolutamente clásica en toda su puesta en escena, pero los versos están
vivos. La escenografía, el vestuario y las luces son clásicos, pero
permanentemente nos hacen un guiño hacia lo actual, hacia el proscenio
del teatro; la obra se transforma en contemporánea, tanto por los
colores como por las luces, así como por el cuadro trucho en la
escenografía a través del que nos hacen mirar.
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