Con Sebastián Barrios
-¿Cómo surge la idea de hacer «El instrumento»?
-Cuando me convoca Dervy Vilas (en ese momento integrante de la Comisión Artística) a la primera reunión, y luego de intercambiar puntos de vista sobre el teatro, me pide que presente dos textos para ser considerados por la comisión. Uno de ellos (en lo posible) de mi autoría, ya que había un gran debe con el autor nacional, y un texto de otro autor que fuera de mi interés. En esa reunión se recordó que «El instrumento» había sido seleccionado en 2009 por El Galpón para participar del ciclo de Teatro leído semimontado, dedicado a autores nacionales, y finalmente llegamos a la conclusión de que podía ser una buena opción para ser reconsiderada. Por supuesto que acepté con la «condición» de que pudiera presentar una versión más elaborada, que recogiera de alguna manera aquella experiencia de los semimontados, valorada positivamente ya que me había permitido reflexionar sobre algunos momentos del texto que merecían especial interés.
Luego de idas y vueltas, reuniones, y discusiones de orden artístico, se resuelve que «El instrumento» forme parte de la programación del teatro.
-¿Por qué te interesó el proyecto?
-El proyecto me resultó interesante por varios motivos. Uno de ellos, y creo que el fundamental, tiene que ver con los contenidos de la obra. «El instrumento» es un texto con claro contenido social, lo que significaba continuar trabajando sobre la realidad de sectores de nuestro país más vulnerados, trabajo que comenzó en 2009 con «Menarquias» (espectáculo estrenado en el Teatro de la Candela) y que continuó en 2010 con «Migajas» (estrenada en la sala Cero de Institución Teatral El Galpón) como espectáculo invitado. El desafío tenía que ver con recoger de alguna manera mi experiencia como educador y luego como docente de teatro en el área comunitaria, trabajo que me permitió estar muy cerca de la realidad de poblaciones en contexto crítico, con todo lo que ello conlleva. Poder dialogar con esa realidad, con toda la información que digerimos día a día por los medios de comunicación, y dejarle al espectador -más que respuestas- algunas preguntas, algunas pistas de cómo construir algo frente a este panorama tan desolador en el que estamos.
Hace poco nos paralizamos cuando un grupo de adolescentes torturaba a un perro que había encontrado en una plaza, enseguida se puso el ojo en los muchachos, en lo espantoso del hecho, que en verdad lo fue, por supuesto, pero creo que ésa fue la punta de un iceberg, «lo visible», pero debajo de esa punta encontramos un nudo mucho más complejo que no es tan fácil de resolver.
Creo que se debe trabajar para que el adolescente pueda responsabilizarse por sus actos, y esto es posible si se garantizan sus derechos, que tiene que ver con mantenerlo socialmente incluido; por supuesto que esto no es nada sencillo porque entran en juego otros sistemas que también el adolescente integra, como son la familia, nosotros como sociedad, y obviamente el Estado. «El instrumento» toma como eje la familia, sumerge al espectador en la realidad de esa familia capturada por un sistema, y expone lo complejo de las relaciones humanas, los conflictos y los modelos que se «arrastran», que se repiten de generación en generación; una familia que «padece» además la fisura de un sistema que necesita encontrar culpables, «chivos expiatorios» para dar respuestas reales a sus propias carencias. De ahí que si bien ésta es la historia de dos familias -y las dos familias «padecen estas fisuras» (a la larga las sufrimos todos como sociedad)- el nudo de este drama está centrado en la relación de Sonia (Silvia García), Jhonnatan (Cristian Amacoria) y Jenny (Elizabeth Vignoli).
En segundo lugar, el texto propone un trabajo bien interesante con los actores, con muchas dificultades, ya que el creador debe construir un entorno y una relación a partir de una realidad que de cierto modo es ajena, y a su vez lograr organicidad y verdad en su propuesta, sin caer en lugares comunes, ni clichés. En esa línea, fue decisión desde la dramaturgia y desde la dirección no usar en el lenguaje «modismos» que de alguna manera delimitaran el espacio físico donde transcurre la acción, esto ocurre en Uruguay como en cualquier parte del mundo.
Si bien el texto cuenta una historia fuerte, muy dura, fue una responsabilidad desde la dirección no «exponer» más de lo necesario; quiero decir con esto que no me interesó subrayar la crueldad, ni provocar al espectador en esa línea, sino mostrar la realidad tal cual es, lejos de cualquier tipo de sobreactuación. Se trabajó mucho sobre los vínculos, sobre lo contradictorio de los vínculos: no alcanza con intentar comprender, con pretender ponerse del lado de uno o de otro personaje. Ése es el «engranaje» del que hablaba anteriormente, la dificultad del creador de no «compadecerse» de su propia desgracia (como personaje).
En tercer lugar, la posibilidad de trabajar con Teatro El Galpón era y es un lindo desafío; se trata de una institución a la que siempre le tuve afecto, no sólo por la relación que tengo con muchos de sus integrantes, ni por su historia, que también tiene mucho de mi historia -de hecho la primera obra de teatro que vi fue «El Lazarillo de Tormes», interpretado por Héctor Guido, si no me equivoco a principio de los 90-. Por último, vaya el recuerdo a quien me acercó en 2009 a esta institución, y con quien tuve el placer de compartir varias instancias durante mi formación en la Escuela Municipal de Arte Dramático, y a quien además dedico este espectáculo: María Azambuya.
-¿Por qué el nombre del espectáculo?
-El protagonista del espectáculo (Jhonnatan) usa un instrumento donde tortura insectos (moscas). Las moscas en el texto son una metáfora para hablar de un sector de nuestra población muchas veces «excluido». «El instrumento» representa ese sistema que como mencionamos anteriormente necesita encontrar culpables, «chivos expiatorios» para dar respuestas reales a sus propias carencias.
-¿Cómo fue el trabajo con el elenco?
-Fue un proceso distendido y fluido. Armé un elenco de mujeres bien interesante: profesionales, talentosas y comprometidas, a quienes se sumó un actor joven (invitado) con una prometedora carrera en el medio.
Me sentí muy cómodo, hubo mucho entendimiento y confianza; esto no es algo menor, sobre todo a la hora de trabajar con cada creador, de escucharlo y de ser escuchado, de conducirlo y de ser conducido, porque el vínculo del director con el creador debe ser de ida y vuelta. Un director sin actores no existe, y el actor -por excelente que sea- siempre necesita de esa mirada «exterior», esa mirada-espejo donde pueda verse, fundamental para el desarrollo de su profesión.
Biografía
Sebastián Barrios comienza sus estudios de teatro en la Escuela Nacional de Declamación con el actor e investigador Juan González Urtiaga. Centra su formación artística en la Escuela Municipal de Arte Dramático, en la carrera Actor (2006). Estudia Dramaturgia con Sergio Blanco, Laura Pouso, Mauricio Kartun (argentino), Alejandro Tantanian (argentino) y Josep Pere Peyró (español); cursa Dirección junto a Juan Carlos Gené (argentino) y Pedagogía Teatral junto a Débora Astrosky (argentina) en la Escuela Tercer Acto (2011).
Dramaturgo con diez obras de su autoría, sus proyectos han sido seleccionados en tres oportunidades en Mec Programa (2007, 2008, 2009). Se desempeña como director y dramaturgo en «Menarquias», espectáculo estrenado en el Teatro de La Candela (2009); es actor y dramaturgo en «Huérfanos», proyecto premiado por los Fondos Concursables para la Cultura (2009), bajo la dirección de Bernardo Trías (realizando gira por el interior del país y temporada en Montevideo en la sala Cero de Teatro El Galpón); como dramaturgo y director de «Migajas», inspirada en «El Desalojo» de Florencio Sánchez y estrenada en la sala Cero de Teatro El Galpón (2010); como asistente de dirección de Mario Ferreira en Crímenes del Corazón de Beth Henley en el Teatro Alianza (2010); como director y dramaturgo en «El capricho de mi madre», espectáculo estrenado en La Candela (2011); como dramaturgo en «Inocencia», con dirección de Myriam Campos en el teatro de La Candela (2011). Actualmente dirige «El instrumento», a estrenarse en febrero de 2012 en Teatro El Galpón.
En el medio audiovisual se desempeña como coach de actores en el cortometraje «La Puerta», dirigido por Cristina Nigro (argentina).
Es designado por la Escuela Municipal de Arte Dramático como docente de Teatro del proyecto Buscapié (Convenido entre el Cenfores y Emad); desde 2008 a la fecha ingresa por concurso en el Cenfores, para su programa de formación permanente, desempeñándose como docente de Teatro (2008). Es convocado por la carrera audiovisual de Bios para dar un taller de dirección de actores en marzo de este año.