Libros
«Sonríe muerte», un tesoro escondido
Zitarrosa para leer
La edición de «Sonríe muerte» de Alfredo Zitarrosa* representa el descubrimiento para el gran público de un verdadero tesoro de la literatura uruguaya.
Elder Silva
Una tarde en el desaparecido Ocho Letras (Sarandí y Maciel) el poeta Salvador Puig me había mostrado el original del libro de Alfredo y leído lo que había escrito, que ahora aparece en la edición de Planeta/Fundación «Alfredo Zitarrosa». Esa tarde, mientras me volvía en un 103, me daban vueltas en la cabeza unos versos («Silencio era silencio/ en tu contorno/ y yo en él entrando») que ahora, leyendo el libro, lo completo con la otra parte del poema: «mientras tú navegabas/ llevando siempre en torno a ti/ ese halo inmóvil».
Tras pensar en esos extraños textos, difícil de clasificarlos o indexarlos, pensaba en la rotunda afirmación de Puig que hablaba de la tersa, terca cultura poética de su amigo Zitarrosa.
La presente edición (hermosa, con fotos) contiene una selección del primer trabajo poético de Alfredo («Explicaciones», Premio Municipal en 1959), libro que nunca se publicó y que ahora forma parte de la cuidadosa estructura de «Sonríe muerte». Asimismo, reproduce con fidelidad los textos y la diagramación original pensada por Alfredo, y que anduvo en su prolija carpeta, respetando márgenes, sangrías y espacios. Inclusive la tipografía del título ha sido sacada de la mencionada carpeta, de puño y letras del autor.
Dividido en seis secciones (Del pensar, Del nacer, Del Pez, De la fuente, De su piedra y sus peces, Diálogos con mi señor), desde el poemario de Zitarrosa se entiende el resto de su futura obra poético/ musical (el original del libro es de 1962), pues muchos temas, como la soledad, la muerte, el extrañamiento de sí mismo, ya están en este libro fermental. Es posible incluso que ya estuvieran en su creación cotidiana «Milonga para una niña» o la formidable «Milonga de ojos dorados», que aparecerán en «Canta Zitarrosa», vinilo debut del cantor en 1966.
La recuperación de «Sonríe muerte», escrito en el entorno a los 25, 26 años del artista, significa el encuentro con esa cara oculta de la luna en la obra de Alfredo y eso es un gesto de justicia.
Hay que leer a este «Zitarrosa para leer», pues de alguna manera completa la visión del artista. Como señala Amanecer Dotta en el prólogo: «Este libro hay que leerlo verso a verso. Y sufrirlo. Es una manera de entenderlo».
Weiss, una tromba poética
El segundo debut editorial que queremos mencionar en esta entrega es «El corazón discurre» del profesor Gabriel Weiss**
El corazón de Gabriel Weiss es un torbellino y a través de las cincuenta páginas de su primer libro recorre mundos a alta velocidad como en un travelín.
Como en zoom (es inevitable mencionar la cámara), va y viene, respira, se emociona, sube y baja por la historia; desde las aguas apacibles que Nemoroso y su amigo veían discurrir lustrando las piedras del fondo del río, a un acorazado de guerra en el mar del Norte, entre la brumosa noche y el frío que cala los huesos; desde el límpido canto de un gallo en el patio «en la dulce armonía de Salinas» a un momento lleno de pesadillas donde el corazón «se arrastra por un campo minado».
La poesía que presenta Weiss en su estreno es un torbellino, es una tromba en los mediodías del verano.
Discurre entre turbiones de imágenes y señales de este mundo actual, descompuesto, casi hundiéndose y resistente a veces; y los retazos de mundo que el poeta trae a sus poemas los coloca para que dialoguen entre ellos, para que se antepongan o se sumen.
Curiosamente, y como contraposición a la clave enumerativa de aluvión de ese «mi corazón es» y todo lo que es, los recursos técnicos que utiliza el poeta son pocos, se diría esmirriados y economizados a propósito. No hay puntuación en todo el libro, ni una coma, ni puntos suspensivos. Apenas usa mayúsculas para el comienzo de cada poema (o tramo del largo poema) y para la infinita cantidad de nombres propios, y algún signo de interrogación para formular una pregunta. Y nada más.
Sin embargo, de los versos de Weiss emerge una musicalidad tenue o demoledora según él poeta la regule.
Un corazón encadenado a una tormenta es de temer, como es de temer cuando suena como un piano «que adorna un blues/ con sus dedos Sharif el cuervo». Porque ese piano suena en el fondo de la cueva y ni esa límpida patada en la pelota que enviara el vasco Cea en la final del 30 alivia las cosas. Mi corazón es un perro sarnoso espeta Weiss y lo acompaña otro piano indescifrable, nada menos el que aporreara Tom Waits en «Rain Dogs».
Ahora el corazón discurre en un hermoso libro, con tapa de Aute, prólogo de Benavídez y diseño de Maca, nada menos.
* «Sonríe muerte» de Alfredo Zitarrosa en Planeta Ediorial, 41 páginas, más anexo con fotos.
** «El corazón discurre» de Gabriel Weiss, editorial Yaugurú, 62 páginas.