Entrevista central: Alberto Zimberg.
«El autor toma recursos de la novela de terror, el folletín y la ciencia ficción»
Alberto Zimberg viene desarrollando una continuada y ascendente carrera como director; luego de estrenar una versión de «La Boda» de Bertolt Brecht, dirige a El Galpón con una obra del prolífico y reconocido autor argentino Javier Daulte.
Luis Vidal Giorgi
-Tu último espectáculo fue «la Boda» de Bertolt Brecht, una gran fiesta de casamiento que desemboca en una suerte de aquelarre. Este tono irónico, donde las relaciones entre los personajes van trastocándose para manifestar una tensión dislocada entre ellos, parece que te es afín, ¿es así?.
-Venimos transitando con el grupo Terribles Producciones autores-bisagra en la dramaturgia universal y Bertolt Brecht era uno de los dramaturgos que queríamos explorar. En este caso con «La Boda», donde se cuestionan las estructuras familiares y especialmente el matrimonio, encontramos el camino fértil para ahondar aun más en los vínculos familiares, tema que nos ocupó en otras producciones. Aquí el supuesto orden establecido a lo largo de la obra se va quebrando, mostrando lo frágil que pueden ser las relaciones familiares, en las que ninguna estructura externa garantiza la felicidad. Brecht pinta con personajes casi arquetípicos lo que podrían ser los representantes de una familia y una sociedad parada sobre bases tan endebles como los muebles que el novio de «La Boda» construyó para su vida matrimonial.
Nuestra propuesta fue integrar, en conjunto con la historia que se cuenta, música, espacio y público a esta gran celebración, con el fin de intentar generar un «distanciamiento activo» por parte de los espectadores, donde la reflexión surja con la participación y no con la simple contemplación.
-¿Cómo fue la reacción del público en los espacios no convencionales donde presentaste la obra?
-Cada espacio propone un nuevo desafío, eso es lo interesante del proyecto en el que estamos embarcados, de la mano del Plan para el Fortalecimiento de las Artes. Nuestra propuesta desde el inicio fue utilizar espacios no convencionales para que esta Boda llegue a todos de forma directa, con el público instalado dentro de la acción.
El público participa desde el vamos, desde que ve entrar desde la calle a la familia y los novios. Cada función es realmente una fiesta, porque los espectadores pasan a ser nuestros invitados a esta celebración. Hemos partido este viaje haciendo funciones en el Club Uruguay, recorriendo hasta ahora ya más de 20 espacios, barrios, contextos sociales. «La Boda» se ha hecho en lugares al aire libre, centros comunales, salones, lugares emblemáticos como el Palacio Idiarte Borda y con público que va desde espectadores niños hasta de la tercera edad. Vamos cosechando un sinfín de anécdotas: desde espectadores que han traído arroz para recibir a los novios hasta una torta de bodas para compartir con todos. Todo esto no podría darse en un espacio convencional.
-¿Tiene esta obra puntos de contacto con «La Felicidad»? ¿Cuáles son los aspectos que te interesaron en ella? ¿Nada es lo que parece?
-Tanto en «La Boda» de Brecht como en «La Felicidad» de Daulte se juega con los límites entre realidad y ficción, llegando la última a límites extremos.
En ambas se busca perpetuar un estado, un sentimiento: en «La Boda», a través de la estructura del matrimonio como si eso lo garantizara; en la pieza de Daulte, su protagonista elabora estrategias y utiliza herramientas para simular situaciones que logren su objetivo máximo, algo tan imposible como la perpetuidad de la felicidad.
A nivel de estructura , «La Felicidad» utiliza recursos cinematográficos, los cambios de tiempo y espacio se realizan sin transiciones. Los personajes se introducen en un mundo de simulaciones, donde viven historias inventadas por su protagonista con el fin de lograr que su plan sea un éxito. Aquí conviven géneros tan disímiles como la comedia negra con un humor corrosivo, el melodrama, el thriller o la ciencia ficción. Todos quedaremos atrapados esperando el desenlace.
-El autor argentino Daulte ha sido estrenado en nuestro país en varias ocasiones, incluso en El Galpón. ¿Cuáles son las características que señalarías de este autor? ¿Cómo se inscribe «La Felicidad» en el contexto de su producción dramatúrgica?
-Javier Daulte es uno de los grandes referentes teatrales de la dramaturgia argentina. En «La Felicidad», como en otras de sus producciones, los temas como la familia y el amor están presentes. La mezcla de géneros es una constante en sus obras, en este caso toma recursos de la novela de terror, el folletín y la ciencia ficción. Autor multipremiado, entre sus trabajos se destacan «Criminal», «Martha Stutz», «Estas Ahí», «Nunca estuviste tan adorable», ya representadas en nuestro país. En «Automáticos», su anterior obra, aparecen algunos personajes que luego desarrolla en «La Felicidad», estrenada en Barcelona en 2006 y en Buenos Aires al siguiente año.
-¿Trabajás con el mismo equipo de siempre en los rubros técnicos creativos? ¿Continúa una línea estética?
-Es importante trabajar con un equipo técnico con el cual uno se sienta confiado y respaldado. Ya sabemos cómo trabajamos, hay un camino transitado en el conocimiento y eso facilita mucho las cosas a la hora de poder trabajar. Es importante que a nivel estético haya una unidad, para poder brindar un espectáculo integrado donde todos los rubros confluyan hacia un mismo concepto. La línea estética varia de acuerdo a los textos, a las relecturas, pero no varía que cada rubro técnico tenga el valor y la proyección en el espectáculo para lograr un producto de calidad.
-«La Boda» tuvo el apoyo del Plan para el Fortalecimento de las Artes. ¿Qué aspectos positivos destacarías de este apoyo y experiencia, y qué aspectos debería mejorar?
-El Plan para el Fortalecimiento de las Artes es un logro de muchos años de trabajo que viene reafirmando la profesionalización del artista en nuestro país. Poder cobrar un sueldo por lo que hacemos, haciendo los aportes como corresponden, es más que importante a la hora de sentirnos formalmente y ante la ley trabajadores del arte. En el caso del teatro, el proyecto incluye el poder trasladar el teatro hacia los barrios, llevar el teatro al público, a sus propios espacios. Mucha gente no puede acceder a los teatros, por un momento estamos acortando esa distancia e invitándolos con un poco de arte a reflexionar y a modificar en algo su contexto social.
Hay algunos aspectos a mejorar, principalmente el tema de la difusión y la comunicación. Otros, contemplar algunos rubros que no han sido considerados a la hora de pensar en proyectos adecuados para espacios alternativos. Pero en la balanza el saldo es más que positivo, no solo por lo que sentimos que dejamos en cada barrio, sino por lo que nos llevamos del trato directo y franco de los espectadores que asisten a cada función para celebrar con nosotros «La Boda».


